Prof. Carlos Enríquez Román
En el transcurso de los últimos años hemos podido evidenciar la inmensa
acumulación y, obviamente la posibilidad, del conocimiento frente a
nuestro asombro; sea en la ventana virtual de internet, sea en los
estantes espesos de las bibliotecas ahora actualizadas o también, sea en la
despensa mental de nuestros mejores profesores con estudios casi o siempre
constantes. Y, cómo no, sea también en el mínimo costo que implica el
fotocopiado de los textos y que nos permite llevar tal o cual conocimiento a
casa.
Demás está decir que si antes la preocupación del hombre radicaba en no
tener la oportunidad de tener acceso a las fuentes del conocimiento, en la
actualidad esa preocupación se ha tornado en no tener ahora el tiempo (y la
vida) suficiente para consumir con calma y provecho tanta información.
Sin embargo, el tener tal vez información y/o conocimiento disponible
gracias a los saltos asombrosos de la tecnología así como el tener tal vez mayores
-pero no suficientes- estándares en la esperanza de vida gracias a los avances
de las ciencias médicas, seguimos con muchas interrogantes con respecto a la
ausencia del éxito académico tanto en nosotros mismos como en nuestros alumnos,
¿qué sucede?, ¿por qué la pasividad de acciones frente a una realidad latente:
esa que dice que ESTAMOS EN EMERGENCIA EDUCATIVA? y; de seguro, honestamente,
en la lectura de este artículo seguirá esa inercia en el lector.
Quizás no cause mucha alteración también el saber o confirmar que nuestro
país sigue manteniéndose aún entre los últimos lugares en lo que a rendimiento
escolar se refiere ( 1 ) -primero se ubica Cuba, luego Argentina, Chile,
Brasil, Colombia, México, Paraguay, Venezuela y..., más allá...Perú-; otra vez
surge la pregunta: entonces, ¿qué sucede?
Al respecto, precisamente gracias a la abundante información revisada,
hemos podido concluir a criterio personal que la razón de esta coyuntura
educativa es justamente el no utilizar los mecanismos tendientes a lograr el
éxito académico, hecho que se manifiesta tanto en profesores como en alumnos.
Así, no se logra el éxito académico (situación que se demuestra en la
adquisición de parámetros aprobatorios y/o óptimos en las diversas
actividades evaluativas) porque sencillamente se desconoce el conjunto de
factores que inciden en el aprendizaje y el dominio pertinente de los mismos.
Entonces, entendiendo que un buen rendimiento educativo supone tácitamente
un éxito académico, muchos investigadores han tratado de demostrar y
explicar los factores que a su parecer podrían promover aprendizajes
efectivos.
En 1998 Peter Gurney planteaba que para que el ser humano desarrolle al
máximo sus potencialidades intelectuales, debe partir de su conocimiento y
aceptación a sí mismo para que con ello logre mayor claridad de sus
limitaciones y talentos, mayor seguridad, creatividad y alcance; así, logros
académicos más altos.
R. Feuerstein (1984) indicaba que la inteligencia es como un plástico
flexible que puede moldearse a voluntad. No negaba que hay una herencia básica.
Este autor afirmaba que, con un entrenamiento adecuado, la persona puede rendir
y desarrollar su potencial de aprendizaje.
William James (1985) afirmaba que el pensamiento, la voluntad y la acción
son un todo interrelacionado; para que haya un simple acto voluntario, es preciso
que antes exista conciencia kinestésico-muscular. Consideraba que es importante
que la persona desarrolle hábitos estables y control personal, por medio del
ejercicio de la fuerza de la voluntad.
Así, con los aportes de la psicología cognitiva y la neuropsicología y de
los más específicos del ramo tales como Arrieta, Camino y Cichelli (1988)
-que plantearon el uso del computador como influyente en la atención,
motivación y autoestima-; como Sánchez (1989) -que incidió que un aprendizaje
atento y motivado es un aprendizaje que aprende y a su vez aprende a aprender-;
o, como G. Jiménez (1991) -que afirmó que la disciplina y el autocontrol
conscientes permiten alcanzar una meta, entre ellas el éxito académico-; etc.,
podemos relucir junto con M.A. Olivares (2002) que los factores que inciden
directamente en el aprendizaje escolar, en el rendimiento y/o en el éxito
académico, en términos de porcentaje, son (tómese nota si se quiere):
·
Autoestima
27%
·
Atención al estudiar
25%
·
Coeficiente intelectual
25%
·
Tiempo dedicado al estudio 20%
·
Otros
03%
Como se ve, al tomar en cuenta estos factores, al conocerlos y utilizarlos
será posible no sólo lograr el éxito personal sino también el de las otras
personas que dependen de nuestra labor pedagógica
Si la autoestima es baja, no habrá una fuerza de voluntad
ni disciplina, ni autocontrol y se caerá en la apatía, en la indisposición
corporal del habla o del pensamiento. La persona que se valora a sí misma se
conoce, se acepta, valoriza sus virtudes, defectos y posibilidades, y sus
fracasos y errores son oportunidad para aprender y crecer.
Si de atención se refiere, esto es lo que hace falta en
uno mismo y en los niños y niñas; y esto se logra no pensando que se va a
motivar simplemente con actividades de acercamiento al tema de estudio sino
despertando íntegramente la expectativa. Una persona expectante es una persona
con demasiada atención a lo que le interesa.
El otro factor referido al tiempo dedicado al estudio no debe quedar de
lado pues no sólo sirven las "lecciones" tratadas en el aula sino
sirven más las ampliaciones -sean con interés personal como con promoción de
parte de un intermediador- en diversos contextos. O sea, se aprende más y mejor
cuando se indaga más de lo debido sobre el tema tratado. El coeficiente
intelectual será pues proceso y producto con y de los factores antedichos.
Otros factores adicionales son los recursos adicionales: medios y
materiales actualizados, comodidad, apoyo externo, clima prosocial, normas a
seguir, etc.
En conclusión, para lograr el éxito académico en uno mismo y en los demás
primero es tomar en cuenta estos factores y luego asumirlos como aliados
efectivos: promoviendo la autoestima de los demás, lo hacemos con nosotros
mismos; poniendo atención a lo que hacemos, generamos la atención de los
demás; dedicándole su tiempo al estudio dejamos modelo a los demás y;
demostrando un coeficiente intelectual adecuado, invitamos a los demás a
relacionarse con este.
NOTAS:
( 1 ) Situación demostrada desde los
estudios comparativos internacionales realizados por el LLECE
(Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación) de la
UNESCO y por el PISA (Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes) de
la OCDE: 1998 y 2002, respectivamente.

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